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Home office: ¿Hogar dulce Hogar?

Home office_ Home Sweet Home_Que no tenés horarios. Que no tenés jefes. Que no tenés que viajar en hora pico. Que no tenés que usar uniforme. Que estás más cómodo. Que estás más tiempo cerca de tus hijos.  Básicamente que hacés lo que querés.  A simple vista, home office es sinónimo de paraíso. Trabajar desde casa pareciera ser lo ideal, tocar el cielo con las manos, el objetivo de cualquier trabajador… pero, quienes lo hacemos a diario, desde hace muchos años, sabemos que no todo es color de rosa. Ser freelancer y trabajar en la “comodidad” de tu casa tiene muchas ventajas, pero también algunas contras, y conviene aprender desde temprano que la elección que estamos haciendo va a demandar bastante de nosotros…

Hablemos de la falta de horarios. ¿Ser dueños del reloj y acomodar los horarios a nuestro antojo? Suena espectacular aunque un poco irreal. Si bien no tenemos que responder a un cronograma impuesto por terceros, fijar horarios propios y organizarnos es CLAVE cuando trabajamos por nuestra cuenta y en casa. Primero porque si no te organizás, a la larga o a la corta, tu trabajo sufre. La procrastinación es una enemiga con la que prácticamente todos los freelancers principiantes nos dimos de frente en nuestros primeros pasos. Tendemos a creer que al ser dueños del tiempo, el tiempo mágicamente “dura más”… pero tarde o temprano, terminamos dándonos cuenta de que el reloj nos corre a todos, estemos o no en relación de dependencia. Además, los horarios prefijados son nuestros aliados por otro motivo: nos marcan un límite claro (¡y tan necesario!) entre la vida laboral y la personal. ¿Quién no terminó una o varias noches trabajando en pijamas o cenando frente a la pantalla de la compu? Por eso, aunque parezca una bendición tener “libertad” horaria, es fácil que esta mute a desorganización, y ponernos un horario de trabajo nos ayuda justamente a mantenernos a nosotros mismos a raya. A esto sumale que en general quienes trabajan en relación de dependencia, solo lo hacen de lunes a viernes… Bueno, eso es algo que los trabajadores independientes no conocemos. Trabajar los fines de semana y los feriados es costumbre para nosotros, así que no nos miren mal si un lunes a la tarde nos vamos de shopping a gastar lo recaudado en ese finde.

No tenés jefes. Mmm, ni tanto… Diría que los freelancers tenemos un jefe en cada cliente. ¡Cada uno con sus requisitos, sus tiempos y sus prioridades! Dependemos de ellos, así que la idea es satisfacerlos con un buen servicio para que vuelvan a contratarnos, e idealmente, recomendarnos. Cuando trabajás en relación de dependencia, tenés un jefe, y más allá de la buena o mala relación que puedas tener con él o ella, no te va a pedir dos proyectos totalmente diferentes para una misma fecha (Hope so!). Pero eso sí te puede pasar habitualmente si sos freelancer. Por lo tanto, es importante armarte de un grupo de colegas en quienes confíes, y en caso de que se te superpongan varios proyectos al mismo tiempo, será esencial contar con esa ayuda extra para cumplir con todos estos “jefes”. La parte positiva de no tener un jefe es que si hay algún cliente que no te cae bien, que te exige más de lo que está dispuesto a pagar, o simplemente tiene proyectos que no te interesan, siempre tenés la posibilidad de abandonarlo y seguir buscando por otro lado.

Hay otro factor clave por el que la mayoría de las personas no se anima a independizarse: la seguridad del sueldo a fin de mes. Los trabajadores independientes no tenemos sueldo fijo, ni aguinaldo, ni vacaciones o licencias pagas. Es difícil lograr un ingreso constante y mensual, y a eso hay que sumarle que cuando nos enfermamos no tenemos días pagos por enfermedad; si tenemos que rendir un parcial no tenemos días de estudio pagos; y si querés ser mamá, olvidate de tomarte tres meses para dedicarle exclusividad a tu bebé. Este aspecto, como todos los que mencionamos anteriormente, tiene su lado positivo, hay meses en que abunda el trabajo, y es en esos meses cuando tenemos que planear para la época de vacas flacas. Así que al igual que la organización horaria, es fundamental la organización financiera. En los períodos de mucho trabajo, tenemos que adelantarnos y prever que algo de ese ingreso vaya a una cuenta para las vacaciones, y a otra cuenta para períodos de sequía, enfermedad u otros imprevistos.

La falta de contacto social es otro aspecto complicado. Si me dieran una moneda por cada vez que escuché “¡Qué bueno que no tenés que calzarte un uniforme, salir de tu casa y subirte a un bondi!” Bueno, digamos que necesitaría una alcancía gigaaante. Por supuesto que uno valora no tener la obligación de seguir esa rutina todos los días, pero ¡a veces sí queremos sacarnos las pantuflas! Tener que salir de casa para ir a trabajar también te obliga a arreglarte y salir a la vida con una vestimenta un poco más decente que las pantuflas gigantes de Monsters, Inc. El jogging nos atrapa con su comodidad y de a poco nos vamos convirtiendo en la versión millenial de Patty y Selma. El trabajo en una oficina, o en cualquier lugar nos lleva, queramos o no, a tener una vida social más activa, y, desde casa y en bata, la-ñata-contra-el-vidrio, los freelancers anhelamos lo que no tenemos, of course. Envidiamos secretamente a los que salen de la oficina y se van a tomar algo a un after office… Pero en un día de lluvia torrencial o -5ºC, volvemos a agradecer estar trabajando desde la comodidad del hogar y con la estufita a nuestros pies.

Para las mamás que además trabajamos desde casa, el punto que sigue es el más controversial. Es una enorme bendición y un privilegio poder pasar más tiempo cerca de nuestros hijos, pero, no solo importa la cantidad, sino también la calidad del tiempo que les dedicamos. Cuando estamos enroscados con algún problema de trabajo o simplemente atorados de pedidos o entregas, tener niños revoloteando a nuestro alrededor (niños que amamos infinitamente, repito) no suele ser lo ideal. Ellos, naturalmente, nos demandan tiempo y dedicación que no podemos darles en exclusividad. Y ese tiempo de más que tenemos con ellos, en la mayoría de los casos, no termina siendo de la mejor calidad; es decir, tienen más momentos con nosotros, pero muchas veces no con nuestras mejores versiones. La maternidad es compleja en sí misma y ejercerla haciendo malabares con proyectos laborales, bueno, digamos que se torna una tarea poco menos que titánica…

En fin, claramente trabajar desde casa tiene sus enormes ventajas y los que elegimos esta vida en algún momento pusimos las cosas en la balanza y esas cosas positivas ganaron la pulseada… pero eso no anula las varias desventajas que se nos presentan. Elegir la vida de trabajador independiente requiere  grandes habilidades organizativas, un compromiso sólido con cada cliente, una conducta prolija en cuanto a horarios y dinero, un equipo de colegas con quienes poder contar y, sobre todo para los padres, una paciencia inagotable. El premio al final del camino suele ser, nada más y nada menos, que una de las grandes felicidades de la vida: vivir de lo que amamos, y con el plus de hacerlo desde la comodidad (¿?) de nuestro hogar.

¿Y vos? Contanos cuál es tu modalidad de trabajo, o cuáles son las ventajas o desventajas que encontrás de trabajar desde tu casa.

En próximos posts vamos a estar hablando de una nueva modalidad de trabajo, que combina lo mejor de ambos mundos: los espacios de oficina compartida o co-working. ¿Conocés alguno? ¿Te animaste a la experiencia?